Pratyque
Lo que el Ayurveda me enseñó sobre el movimiento, las estaciones y la importancia de conocernos antes de exigirnos.
Durante mucho tiempo hice ejercicio con una idea bastante clara de lo que quería conseguir. Practicaba mountain bike, iba al gimnasio tres o cuatro veces por semana, hacía levantamiento de peso, aparatos y funcional. Siempre tuve facilidad para desarrollar músculo en la parte inferior del cuerpo y, aunque mi intención era afinar las piernas, cuanto más entrenaba más sentía que obtenía el efecto contrario.
En ese momento no se me ocurría que podía existir otra manera de abordar el movimiento. Si el resultado no llegaba, parecía lógico esforzarme más. Con el tiempo entendí que esa idea no siempre contempla la forma particular en la que responde cada cuerpo.
El encuentro con otra manera de mirar
Hace algunos años leí Curso avanzado al Ayurveda: Vivir una vida sana, natural y espiritual, de Marimar Tejero Aladren. El libro acercaba el Ayurveda a distintas dimensiones de la vida cotidiana: la alimentación, el movimiento, el descanso, el trabajo y los ritmos que organizan nuestros días.
También incluía un test para reconocer la constitución o combinación de doshas de cada persona. En mi caso, el resultado fue Vata-Pitta, con predominancia de Vata.
Para cada constitución, el libro recomendaba de forma concreta determinados tipos de ejercicio. Para la mía sugería movimientos más suaves, estables y conscientes, como caminar, practicar yoga o Pilates, en lugar de actividades muy intensas o de alto impacto.
La recomendación era prácticamente lo opuesto a lo que venía haciendo. Nunca había pensado que una actividad saludable pudiera, al mismo tiempo, no ser la que mejor se adaptaba a lo que yo necesitaba.
Decidí probarlo, no como una regla definitiva, sino con curiosidad y prestando atención a lo que sucedía.
Una manera diferente de moverme
Empecé a acercarme a ejercicios más suaves y a dejar en segundo plano los entrenamientos de alto impacto y el trabajo con tanto peso. Las caminatas, el yoga y especialmente Pilates fueron ocupando otro lugar en mi rutina.
Mi cuerpo empezó a cambiar para bien y a verse más parecido a como yo quería verlo. Pero, más allá de su forma, también cambió la manera en que yo me relacionaba con él. El movimiento dejó de ser solamente una herramienta para perseguir un resultado y empezó a convertirse en un espacio de observación y de mayor conciencia.
Esto no significa que correr, levantar peso o entrenar con intensidad esté mal, ni que otra persona vaya a experimentar lo mismo. En mi caso, aquella recomendación me permitió probar un camino diferente y descubrir que me hacía mejor.
Creo que por eso Pilates terminó siendo tan importante en mi vida y también en la forma en la que pienso Pratyque Uruguay. Me interesa el movimiento como una forma de fortalecernos, pero también como una manera de estar presentes, conocernos y aprender a habitar mejor nuestro cuerpo.
El cuerpo también cambia con las estaciones
La misma mirada empezó a aparecer en otros aspectos de mi vida. Antes pensaba la alimentación saludable como una lista bastante fija. El Ayurveda me acercó a la idea de que nuestras necesidades también pueden cambiar con el clima, las estaciones y el momento que atravesamos.
En invierno siento que me favorecen las comidas más cocidas y tibias, como sopas, purés y preparaciones reconfortantes. En verano mi cuerpo me pide alimentos más frescos y livianos; las comidas muy calientes muchas veces no me caen bien.
También empecé a observar con más atención mis horarios, el descanso, la hora de levantarme y de acostarme, y la manera en que distribuyo el trabajo y la energía durante el día.
No siempre logro aplicar todo. Hay épocas en las que resulta más fácil y otras en las que la rutina se impone. Pero cuando vuelvo a esas pautas siento que mi cuerpo funciona mejor, y por eso continúo teniéndolas presentes.
Lo que elegí conservar
Lo más valioso que me dejó aquel libro no fue la necesidad de adoptar una filosofía de vida de manera estricta, sino la posibilidad de conocerme desde otra perspectiva.
No siento que tenga que elegir una única forma de entender la salud y descartar todas las demás. Distintas tradiciones, la medicina, el movimiento y nuestra propia experiencia pueden acercarnos herramientas diferentes. Prefiero observarlas con apertura y criterio, y quedarme con aquello que verdaderamente me ayuda a sentirme mejor.
Cada cuerpo tiene su historia, su contexto y su propia manera de responder. Por eso esta no pretende ser una guía ni una fórmula. Es solamente la experiencia de haber encontrado una mirada que me ayudó a comprender algo que antes no estaba pudiendo ver.
Durante mucho tiempo pensé que cuidar mi cuerpo era exigirle más. Conocer el Ayurveda me permitió descubrir que, muchas veces, cuidarlo también puede empezar por escucharlo.
